En la iconografía cristiana oriental, la Virgen María lleva tres estrellas sobre su manto, una en la frente y una en cada hombro, simbolizando su perpetua virginidad que no es sino el sello con el que el Padre proclama que, el Hijo que de Ella nace, es Dios. María es la Siempre Virgen, y ese privilegio hace de Ella «Mater Spei» —Madre de la Esperanza— porque, de la misma manera que la estrella condujo a los Reyes Magos a dónde estaba Jesús, hoy, la estrella de su virginidad, nos señala con certeza el camino hacia Cristo.

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